REMEMBRANZAS, INTENTO DE AUTOBIOGRAFÍA No. 3480

Por Alejandro Bohórquez Reyes

(Escrita en la ciudad de Bogotá entre el mes de octubre y noviembre del año 2013. Próximamente encuéntrela en su semáforo de confianza)

Nací Alejandro Bohórquez Reyes una madrugada de 8 de diciembre, 12 AM para ser más exacto. Llegué a éste mundo en alguna de las salas de parto de la Clínica del Seguro Social en la ciudad de Cali – Colombia; vine al mundo en 1987, mismo año en que Warhol veía las luces al final del túnel de su vida. Lo admiro mucho por su trabajo como artista plástico y por la brillantez de una frase como esa en la que declaraba que todos tenemos derecho a nuestros 15 minutos de fama. Nacen unos, mueren otros. A Warhol se le agotaban sus 15 minutos cuando los míos apenas comenzaban. Así es la vida.

Gocé de la fama que me dio nacer en una familia que veía en mí a su primogénito; fui un niño sano hasta los 6 meses, tiempo en el cual se hizo manifiesto el tormento más grande contra el que tuve que luchar hasta inicio de mi juventud: el asma. No fueron años muy gratos, aunque no me puedo quejar, pues tuve una infancia placentera a pesar de algunos obstáculos que tuve que superar.

🙂

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Han sido caminos algo dolorosos (aunque igualmente edificantes) y sé que cuando se siente dolor no se quiere consuelo ni ayuda, lo que realmente nos importa es que duela más para salir del otro lado de ese padecimiento y para eso sirven las canciones, para que el dolor alcance su más profunda dimensión, lacere nuestras entrañas y nos enseñe a ser más fuertes. Jim Morrison sabía qué hacer con el dolor y lo hizo, por eso alguna vez lo llamaron el “Lizard King”; nadie que baile con una serpiente puede llegar vivo para la cena. ¿Por qué Morrison? Sencillo, somos hermanos. Nacimos el mismo día en generaciones completamente distintas. Esos 8 de diciembre fueron mágicos para ambos. La locura llegó a ser parte de nuestro ser. Soy un loco por convicción, porque así la vida me enseñó.

Quienes nacieron después estaban sordos, por eso ese mamarracho de Juanes y esa marmota a quien conocen como Shakira. No los odio, sólo los hago importantes al dedicarles un par de líneas ahora que no puedo dormir.

Acerca de mí, debo decir que me gustan las artes gráficas y que desde niño he sido una persona creativa, curiosa e interesada en aprender. En mi infancia acostumbraba pintar paisajes y creo que de allí pudo nacer esa pasión por registrar de forma gráfica, las situaciones que vivo cotidianamente. Me gusta la fotografía, y leyendo sobre el tema aprendí pequeñas cosas que me han servido para grandes capturas (no hay nadie mejor crítico que uno mismo y si realmente fueran malas tomas, seguramente lo diría).  La imagen y el video pueden ser otra de mis pasiones, pues me gusta el hecho de poder tenerlas como medios para captar momentos memorables que nunca se podrían volver a repetir, me gusta registrar situaciones y cualquier cosa que se me atraviese, creo que ambas son una forma de revivir cualquier tipo de situación ya vivida.

Poseo un título como Administrador de Empresas Turísticas y Hoteleras, carrera de la cual aprendí mucho y bajo la cual adquirí experiencia en el ámbito laboral. Cursando este programa entendí que la cocina es como una mujer que requiere de ser tratada con cariño, de invertirle tiempo, de no desistir ante el error y de ser persistente si algún obstáculo se interpone. En la actualidad me encuentro escribiendo las primeras líneas de la película que decidí rodar y de la que también espero poder seguir dirigiendo: El Cine y la televisión. Comenzar nunca ha sido fácil, pero este primer semestre alejado de lo habitual, de las costumbres y de esa cotidianidad que me sumía en mi ciudad natal, me ha mostrado que tomé la decisión correcta al establecerme en Bogotá.

Tal como lo he descrito antes, soy un reconocido inexperto en el Ars Amandi (artes amatorias), nunca antes me he enamorado, aunque muchas personas aún se resisten a creerlo. Me ha gustado estar sólo y quizá aún hoy soy lo suficientemente complejo como para preocuparme más por otras cosas antes de buscarme ataduras y dependencia de otras personas.

Soy un joven con alma de viajero, trabajador, amable, responsable, autodidacta en gran parte, escritor cuando la pereza no me adula, amante de la música y el buen vino (el amor es el engranaje que mueve al mundo y el vino quien lubrica sus ejes). Responsable, desocupado y eventualmente fiestero, amante del buen café y partidario de lo minimalista. Fundador del movimiento “Amotro-Dancer” caleño y plenamente identificado por el dicho que señala que “Se mueve más un Alka-Seltzer en una mazamorra”. Buen amigo y siempre dispuesto a dar una mano, las dos manos, un consejo o una madreada, lo primero que sea necesario.

Respecto a mi gusto por las mujeres, he de resumirlo en la siguiente frase: Las mujeres  son el ser más bello y maravilloso de toda la existencia, su cuerpo es el objeto más perfecto que nunca nadie podrá fabricar e igualar.

Al momento de escribir esto voy recorriendo paso a paso el sendero hacia mis 26 años de vida, por lo que ahora me dedico a leer los caminos que he escrito en esa gota de existencia a través de la que ya emprendí mi curso. Constantemente me inquieto al pensar si aún tengo suficiente tinta para seguir escribiendo tras cada amanecer.

Como ya lo mencioné, soy una persona aventurera y me gusta mucho viajar, aunque trato de hacerlo siempre de la forma más económica posible (como mochilero o ‘backpacker’). Mientras estudiaba administración, tuve varias oportunidades de conocer hermosos sitios de Colombia, tuve la oportunidad de, junto con mis compañeros, organizar nuestros propios viajes todo incluido a bajísimos costos y seguramente de allí viene esa pasión por viajar. De esa forma, mi morral terminó dando vueltas por el eje cafetero, los llanos orientales, San Andrés, La Guajira, más exactamente a 3 horas a pie desde el Cabo de la Vela. Posteriormente terminaría recorriendo algunos hermosos sitios de Santander, donde se asentaría una temporada en Bucaramanga, para después conocer Barichara, San Gil (les recomiendo practicar rafting en el río Fonce e ir de camping en sus orillas), Girón y algunos otros sitios de mi país. Últimamente siento deseos de emprender otro viaje hacia aquel lugar donde el destino disponga llevarme. Señor lector, ¿quisiera acompañarme?

Me encanta el café. Ciertamente trabajé administrando una tienda de Café en la ciudad que me vio nacer y de allí creo que surge mi gusto por la cafeína y las miles de formas en las que se la puede consumir. El café al igual que el vino, se presta para sentarse con alguien a hablar horas enteras, es una bebida para socializar.

Sin duda alguna, las situaciones que se viven a diario, forjan nuestro carácter. No quiero decir que algunas malas experiencias, hayan concebido en mi a un ser sin sentimientos y con carácter un poco fuerte. Me considero buena persona, pero en ocasiones si puedo llegar a ser un poco detestable, sobre todo con personas que se encargan de llevarme la contraria, incluso cuando saben que no tienen la razón (como mi hermano). Debo decir que generalmente, siempre estoy rodeado de buenas personas y excelentes amigos, afortunadamente, nunca he tenido algún inconveniente grave con nadie, soy pacifista y trato de evitar los conflictos a toda costa, aunque si las cosas ya se tornan un poco incómodas para mí, ahí si tiendo a reaccionar de una forma medida, incluso si el problema no me afecta directamente. ¿Existe alguien que pueda decir que hemos tenido algún conflicto que se pudiese considerar como grave?

Frustraciones. No podrían faltar: nunca haber aprendido a tocar guitarra, nunca terminar de escribir los proyectos que emprendo y quizá no haber podido culminar satisfactoriamente el plan de establecerme en el exterior (aunque el objetivo no se alcanzó debido a factores ajenos a mi voluntad). Quiero irme del país algunos años y conocer nuevas culturas, experimentar nuevas cosas y aprender otras tantas. Quizá elija Inglaterra, Francia o Italia, probablemente me enamore de alguna chica liberal del viejo mundo, a lo mejor no ocurra eso y regrese a mi país, que así no parezca, es el mejor sitio para vivir en el mundo. Aunque ahora que lo pienso, otra frustración mía podrían ser un par de besos que nunca quise dar, pero que tiempo después añoré.

Hombre sin vicios. No tengo tics nerviosos, no tengo manías como esa de comerse las uñas, algunas cosas me causan repulsión (como el desaseo), no puedo sentirme tranquilo al lado de una persona que no se preocupa por estar impecable. Soy excesivamente rígido con mi aseo personal, me baño 2 o 3 veces en el día si es posible, mis uñas permanecen cortas y sin mugre. Procuro siempre dar ejemplo de limpieza y me desespero cuando suspenden el suministro de agua sin previo aviso.

Aunque a algunos no les parece, soy una persona muy cerrada que no deja que broten sus sentimientos y que por el contrario, se los reprime ocasionando que los demás nunca puedan saber realmente como estoy y si requiero de su ayuda. Casi nunca soy emotivo con las demás personas y rara vez me verán repartiendo abrazos, aunque no es que no me guste, pero no me siento cómodo haciéndolo si no sé si realmente la otra persona lo quiere. Confieso que si me gustaría que alguien llegara a mi vida y me cambiara esa forma tan absurda y cerrada de ver esas cosas, me gustaría que alguien de verdad me pusiera el mundo de cabeza y me hiciera replantear muchísimas cosas en las que sé que estoy errado, pero que mi orgullo no me permite cambiar. Me gusta sentirme bien rodeado de gente con quien contar, con quien hablar, me gusta conocer nuevas personas, sin embargo debo decir que reconozco que en ocasiones sé que puedo ser un poco molesto al insistir en algunas cosas, aunque no lo hago por incomodar, simplemente es que no soy muy bueno para tratar de entablar nuevas amistades y generalmente nunca sé de qué hablar. De esa forma, puedo decir que mis grandes mejores amigos actualmente, lo son, gracias a que ellos dieron el primer paso para entablar esa buena amistad.

Me gusta hablar mucho con las personas sobre sus problemas y aunque podría no parecerlo, me encanta ayudarlas a resolverlos. Es difícil lograr que te confiesen sus inconvenientes pero a la final, no sé por qué, terminan haciéndolo…

Detesto ser conformista y a decir verdad, soy un poco perfeccionista. Si emprendo algo, debo estar seguro que lo haré de la mejor manera y que seré mi mejor crítico. Hasta tanto no reevalúo el producto final, no dejo que nadie más lo haga, a no ser que confíe demasiado en esa persona. En lo que he escrito he sido mi propio mejor crítico, por eso aún busco alcanzar el punto en el que logre sentirme satisfecho y entienda que hice todo lo que estuvo a mi alcance para mejorar, en eso estoy. Seguramente muy pronto, algunos de mis escritos (buenos o no) verán la luz.

Respecto a algunos otros gustos o pasiones, me encanta la tecnología y no ha de ser para nada raro encontrarme en algún rincón de mi habitación desbaratando o intentando personalizar algún dispositivo. Sin duda alguna, no porque yo así lo considere, estoy seguro que usted como lector podrá deducir que soy una persona inquieta, curiosa y bastante creativa, a lo que yo acertadamente debo agregar que se complementa con ciertas acciones y experiencias que me definen como romántico extraviado por senderos del mero intento.

Qué más decir sobre mí, a ver… Ah, sí, que entre tantas otras capacidades, también soy guitarrista de viento, baterista de escritorio y cantante de ducha, pasiones que logro ejercer de una manera admirable en mi cotidianidad.

Lo que como humanos llamamos vida, para mí ha sido un viaje largo y solitario, pero me alegro de haberlo tomado porque ha valido más que la pena. Cuando niño acostumbraba a cuestionarme sobre si viviría lo suficiente para mi primer beso; eventualmente este momento llegaría ocasionando que me sintiera en las nubes por lo menos un par de días.  Realmente no recuerdo tanto como quisiera sobre mi juventud, quizá mi mente se dedicó a seleccionar aquellos detalles que para mí realmente fueron importantes, como todas esas navidades en familia, en las que nos reuníamos alrededor del árbol de navidad a destapar los regalos, esos mismos que entre mi hermano y yo habíamos escarbado días antes con la intención de detallar su contenido.

Creí haberme enamorado por aquella época en la que cursaba cuarto de primaria, aunque nunca fui capaz de decírselo a ella. Era una chica del barrio, un año mayor que yo. Dos años más tarde por fin tuve el valor de escribirle una nota, la cual desafortunadamente cayó en manos de la persona equivocada. La forma de explicar aquel suceso, se resume en el método que elegí para hacer llegar tal nota a su destinatario: Sólo por mi cabeza pudo pasar la maravillosa idea de arrojarla debajo de la puerta de su casa sin considerar que allí también vivía su hermana, la misma que asumió ser el destino de aquella inspirada carta. Por fortuna decidí escribir la nota en código, además de que no incluí mi nombre entre líneas y en lugar de eso opté por el anonimato. Un año más tarde y ya un poco más maduro, entendí que no era amor lo que sentía por ella. Ahora me pregunto si voy a vivir tanto como para pensar en la idea del matrimonio. Me pregunto si voy a vivir lo suficiente para tener hijos. Me pregunto si voy a vivir para ver a mis hijos tener hijos, si yo voy a decirles cómo es esto a lo que llamamos vida.

De regreso a mi adolescencia, me remito a un episodio de quinto grado en el que recuerdo no haber podido aprobar matemáticas. Imagínense los nervios que me invadieron de pensar en mi padre ante su castigo. Tal fue mi miedo, que lo primero que hice al llegar a mi casa, fue desconectar el teléfono pensando que mi profesor llamaría para informar a mis padres sobre este suceso; evitar confrontar este problema sólo provocó que la ira de mi progenitor fuera doble al enterarse que intenté ocultarle mis calificaciones. Aquel año tuve que dedicar mi tiempo a una nivelación y posterior recuperación de la asignatura, ese fue el castigo que se me impuso para tales vacaciones.

Ahora mismo debo leer un par de artículos y hacer algunas investigaciones académicas antes de llegar a mi veredicto para concluir con este ejercicio en el que me propongo sintetizar casi 26 años de vida, aunque para concluir, podría decir que soy un hombre raro que debe tener sus cosas buenas, igual que defectos, algunos pequeños vicios y malas costumbres, pero a quien en general, le gusta fijarse en esos pequeños detalles en los que las personas normalmente no se detienen, disfruto de hacer nuevas amistades y de confrontar diferentes puntos de vista. En todo caso, creo que me faltaron otras tantas cosas, pero supongo que ya es justo todo lo que les pongo a leer. Quizá más adelante me conozcan mejor o si quieren, me preguntan sobre algo que deseen saber  y se los respondo.

No podría poner un punto final sin antes apuntar una de esas frases que enmarcan esas ideas que fluyen cuando de afrontarse a la vida se trata, tal como le dejo ver en lo anteriormente consignado, apreciado y paciente lector:

“En la vida nada es perfecto, por eso el lápiz tiene borrador”.

Esa es mi vida. Aburrida para algunos, pero al fin y al cabo es mía.

Nota aclaratoria: Como todo lo que hago, lo anteriormente consignado está sujeto a cambios constantes, puesto que aún no se acerca a algo que medianamente pueda reconocerse como una autobiografía.

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