Por eso he de (algún día) regresar a mi ciudad…

Nota: Este artículo fue publicado originalmente el 8 de mayo de 2013 entre las notas de mi perfil de Facebook, como parte de algunas cosas que decidí escribir durante las aburridas noches que pasé en la ciudad donde residía en ese entonces.


No fue sino hasta que partí que empecé a valorar las largas caminatas que acostumbraba a dar eventualmente por mi ciudad, Cali.

Extraño esa travesía que por propio gusto realizaba desde Santa Librada, pasando por las cascadas de la Loma de la Cruz, subiendo por las empinadas calles de San Antonio, justo por el camino que me llevaba directo a la Galería de Arte y Café de Mauro Phazan, uno de mis lugares favoritos y que sin duda recomiendo a quien ahora me lee.

El trayecto obligado de algunos de mis viernes nunca pudo ser estático; me encanta caminar al ritmo de la música que marque el ‘shuffle’ de mi teléfono y por eso de estar disfrutando de un buen café en San Antonio al ritmo de Superlitio, podía pasar a una breve caminata hacia El Peñón con los sonidos electrónicos y aires de tango de Bajofondo, cruzarme con alguna vendedora de mango biche o chontaduro, deleitarme con aquellos productos que anhelo ahora que me encuentro lejos, cambiar de nuevo de melodía y emprender otro viaje por los senderos del río Cali de la mano de Bob Marley mientras esperamos la caída de la noche.

Ya el cielo se oscureció y aún me distrae el placer de recorrer por pasos esa ciudad que me vio nacer por allá finalizando el año de 1987; no estoy muy lejos de Granada y mis ánimos indican que pronto mi cuerpo pedirá más gasolina. La travesía no estaría completa sin pasarme antes al ‘Champús de Lola’ por mi dosis de lulada o champús (realmente extraño estas bebidas) mientras espero por fin encontrarme con mis amigos para terminar la noche con unas buenas cervezas y mucho rock en Bourbon St.

No fue sino hasta que, estando en tierras ajenas, entendí el valor de todo lo que mi ciudad siempre me ha ofrecido y que a la distancia ya no puedo disfrutar. Cali es una ciudad pluricultural, con espacios para todos los gustos, desde la salsa, hasta una extensa variedad de ritmos foráneos por los que nos desvivimos algunos; sin que sea necesario hacer mención a la ciudad donde me encuentro (aunque muchos ya lo saben), las costumbres, el dialecto y la forma de ser de sus habitantes dista mucho de la calidez, buena vibra y ánimo fiestero que nos caracteriza a los caleños en donde llegamos. Viviendo lejos he comprobado que en la distancia los caleños nos atraemos y que cuando nos reunimos, le imprimimos color a lo que nos rodea. No por nada todo lo volvemos fiesta.

“A un pueblo lo quieres, aunque sólo sea para irte. Un pueblo quiere decir que no estás solo, saber que en la gente, en las plantas, en la tierra hay alguna cosa que es tuya y que cuando no estás se queda esperándote”.

Cesare Pavese, La luna y las hogueras


Así suenan mis recorridos por Cali:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s