El tejemaneje detrás de las relaciones del siglo XXI

Escrito la noche del 18/07/2012, momento en que decidí detenerme a pensar en lo que define a las relaciones de pareja en nuestros días. Después de meditarlo un rato con mi conciencia, sus conclusiones basadas en algunos de mis malos ratos, arrojaron el balance que a continuación será presentado a manera de análisis personal por mi alter ego (que al parecer tiene más experiencia que yo).


Lección 1: La vida es dolorosamente bella.

Después de una que otra decepción, pública o silenciosa, de múltiples retorcijones en el estómago, desánimo y ganas de no hacer nada en absoluto, seguramente recordarás que alguna vez llegaron las noches en vela y las lamentaciones por lo que fue y lo que no fue. En repetidas ocasiones padeciste aquello que tanto evitaste, y como resolución de un nuevo comienzo que te garantizara no volver a cometer los mismos errores, terminaste resolviendo tomar la postura del estratega que estudia a sus oponentes antes de llevar a cabo sus planes.

Aún hoy sigues sin estar a la altura como para poder definir todo lo que la palabra “amor” encierra; quizá fue sólo cierta dependencia que generaste alrededor de las personas con quienes quisiste compartir fragmentos de lo que ha sido tu vida. Erradamente fuiste tan sólo lo que esas personas, en definitiva, no estaban buscando. Ya no hay espacio para las lamentaciones.

Ahora entiendes que las mujeres son quizá uno de los individuos más complejos de toda la existencia, lo tienes muy claro. Al respecto cierta noche pensabas detenidamente en las reacciones de algunas de ellas respecto al concepto que hoy en día le dan a lo que definen como una relación (formal, no formal o pasajera). ¡Qué locura! A veces, por no decir que la mayor parte de los casos, ni siquiera ellas saben lo que quieren.

Lección 2: A las mujeres de hoy en día realmente les aterra que pienses en quererlas sinceramente.

Bueno, seamos claros, en gran parte si les ofreces sexo, terminas siendo un atrevido; si buscas algo serio, huyen; te preocupas por ellas y te evitan al pensar que te estás enamorando. ¿Acaso prefieren que te conviertas justo en el tipo de hombre que tanto les asusta?

Es un hecho. Y no es para menos, pues también debemos reconocer que muchos otros hombres no han sido los más dignos representantes del género masculino y han finalmente ocasionado que estas aprendan a desconfiar de entrada. Pero claro, ellas tampoco te lo dejaron fácil, por lo que después de tanto ir y venir partiéndote la cabeza tratando de adivinar lo que necesita cada mujer específicamente, resolviste adoptar la posición del indiferente (y bien que sabes lo que les inquieta a ellas la falta de atención). Así son las cosas, te vuelves un ajedrecista y aprendes a analizar cada uno de tus movimientos antes de ejecutarlos, te conviertes en eso que prometiste nunca ser y acabas haciendo parte de un juego que gana el que más persiste.

Es lamentable también que debas reprimir y no expresar lo que sientes sin tener miedo de que los demás lo quieran usar en tu contra. A eso hemos llegado en nuestros días, nos escondemos detrás de máscaras y adoptamos posiciones defensivas para tratar de proteger nuestra integridad. ¿No era más fácil cuando ambas partes reconocían un mútuo interés y se dedicaban a conocerse mejor para entrar en la etapa de negociaciones?

Lección 3: Las mujeres complican y enredan exageradamente hasta la situación más sencilla.

Constantemente ellas llegan a la posición de anhelar un hombre que las conquiste, pero tú como hombre ya reconociste que este proceso tiene demasiados requisitos y que la tramitología en ocasiones puede resultar tan complicada, como para alejar incluso a la persona con las mejores intenciones. Innegablemente las mujeres complican tanto las situaciones, que cuando se les aparece el príncipe azul que tanto pidieron, se detienen a pensar en detalles tan reprochables, como que no es el tono de azul que buscaban. Quien toma el riesgo de aventurarse en el vasto e incierto mar femenino, indudablemente está loco o yace bajo el efecto de alguna de esas brujerías que ellas bien saben usar en nuestra contra. Si demostraste más de la cuenta, estás perdido y ellas por el contrario, sabrán exactamente hacia dónde lanzarte sus hechizos.

Lección 4: ¿Cediste? ¡Estás perdido!

Por otra parte, eres hombre y como tal disfrutas de la libertad y reconoces que las exigencias nuestras respecto a ellas, también se basan en altos estándares que como todo “digno” representante masculino, se deben sacar a relucir ante el grupo de amigos. Hay otros entre los cuales debo incluirte, y que aunque igualmente disfrutan de la libertad, bien prefieren el bajo perfil y se reservan los detalles de lo que acontece en su aspecto sentimental y sexual. También debes reconocer que en ocasiones te vuelves vulnerable ante un escote bien marcado, un labial bien aplicado, unas piernas bien pronunciadas y en situaciones más reservadas, la lencería que usan; no existe un hombre que se pueda resistir ante el encanto de una mujer que bien sabe seducir y que tiene claro cómo usar infaliblemente sus dotes.

Debes tener claro que eventualmente cederás y los encantos de esa mujer harán estragos en tus resoluciones de mantenerte a raya para evitar sus conjuros, te sorprenderás yendo en contra de esos argumentos que decididamente aceptaste como mandato divino para protegerte del enemigo. Te jodiste, sus poderes son tan de otro mundo, que difícilmente te resistirás a lo que está por venir; en poco tiempo ya verás cómo no te la puedes sacar de la cabeza y cómo terminarás deseando un beso de sus viciantes labios rojos. Si le dejas claro a una mujer que sientes algo de atracción e interés por ella, es mejor que te agarres duro de donde se pueda porque acostumbran a subirse automáticamente en un pedestal en el que pretenden que corras a suplir todas sus necesidades mientras les demuestras interés eterno. Te lo digo yo que soy el de la experiencia.

Lección 5: Descuidaste a tu reina, ¡Jaque mate!

Lastimosamente ceder te puso en la posición de peón en alguna cuadrícula cercana a la reina, te diste cuenta que reemplazaste tus prioridades y te fijaste el firme objetivo de cuidarla de otros peones ansiosos por llegar a ser su rey. En el camino dejaste a otros oponentes, te afirmaste de a poco como la figura protectora que ella demandó y de repente terminaste portando la corona que te acreditó como ese príncipe no tan azul como lo buscaba, volviste a las luchas, creíste enamorarte, tuviste diferencias con tu reina, hubo espacio para los problemas, discutieron, pelearon y se distanciaron hasta que finalmente decidiste dejar a un costado tu orgullo para arreglar las cosas con ella. Demasiado tarde, ahora descubriste que otro peón te tiene en jaque y que es tu hora del ‘mate’.

Es inevitable, volviste a repetir el ciclo y terminaste por darte látigo una buena temporada; afortunadamente asimilaste lo sucedido al tiempo que te sentiste como ese pedacito de mierda que alguien más terminó pisando. Estás de nuevo donde comenzaste, analizando lo que ya no fue y deseando sacarte la espina disfrutando de la variedad de posibilidades que te ofrece la libertad. Ahora bebes con el pretexto de ahogar las penas, te relacionas con más mujeres que de costumbre y esperas que alguna pique el anzuelo para envolverla en alguna faena con la excusa de olvidar aquello que tanto te oprime, vuelves a encontrar placer en las cosas sencillas de la vida y procuras de a poco volver a ser feliz.

Lección 6: Superar y emprender la retirada.

A través de tantos intentos fallidos, aprenderás a ver estas situaciones de otras formas, te detendrás a pensar en la conveniencia de afrontarlas y finalmente concluirás que las mujeres difíciles se superan como se supera un golpe: Diciendo groserías. Quizá no ayude tanto a la larga, pero ya verás el fresquito que se siente.

Hasta aquí te llegó el impulso, me retiro del campo sentimental indefinidamente…

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