12 resoluciones para este nuevo año

“Recuerda siempre que tu propia resolución de triunfar es más importante que cualquier otra cosa”

Tal como me lo planteaba en mi anterior post sobre los propósitos que tengo para este 2015, he decidido escribir lo que serán mis resoluciones de año nuevo como forma de permitirme la posibilidad de venir a evaluarlas y hacerles seguimiento eventualmente. A continuación detallaré las que a mi criterio son las más importantes para lo que serán los planes que me tracé a futuro.

  1.  Permitirme cometer algunos errores.

No es que simplemente quiera equivocarme, pero sin duda que es mucho lo que uno puede aprender de los tropiezos; teniendo claro que cada obstáculo plantea una resolución firme al problema que representa, abordaré todo inconveniente como una forma de adquirir experiencia vital para darle cara al futuro.

Ningún mar en calma hizo experto a un marinero”

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Mi no extensa lista de propósitos para el 2015

De vuelta a las madrugadas reflexivas a las que suelo someter mis planes, me planteé tratar de analizar lo que fue este año que casi termina y todos esos objetivos que espero poder alcanzar en el que lo sucederá. Es habitual que en este último mes del año siempre llegue a la misma etapa retrospectiva en la que analizo las razones de los fracasos, desaciertos y pérdidas para prometerme que en la temporada que se aproxima, todo será diferente, aunque una vez más todo se haya quedado en planes.

Justo en esta línea pienso que el pasado sólo sirve de enseñanza, para tomar todas esas malas experiencias y transformarlas en triunfos. Si hay un propósito que realmente me motiva a iniciar este 2015 que ya pronto llega, es justamente ese, aprender de mis errores y usarlos como trampolín para llevar a cabo grandes cosas; mi principal objetivo es construir a partir de las ruinas que dejé tras este 2014, que aunque me dejó algunas cosas positivas, para nada podría llegar a catalogarse como un período de éxito rotundo.

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Por eso he de (algún día) regresar a mi ciudad…

Nota: Este artículo fue publicado originalmente el 8 de mayo de 2013 entre las notas de mi perfil de Facebook, como parte de algunas cosas que decidí escribir durante las aburridas noches que pasé en la ciudad donde residía en ese entonces.


No fue sino hasta que partí que empecé a valorar las largas caminatas que acostumbraba a dar eventualmente por mi ciudad, Cali.

Extraño esa travesía que por propio gusto realizaba desde Santa Librada, pasando por las cascadas de la Loma de la Cruz, subiendo por las empinadas calles de San Antonio, justo por el camino que me llevaba directo a la Galería de Arte y Café de Mauro Phazan, uno de mis lugares favoritos y que sin duda recomiendo a quien ahora me lee.

El trayecto obligado de algunos de mis viernes nunca pudo ser estático; me encanta caminar al ritmo de la música que marque el ‘shuffle’ de mi teléfono y por eso de estar disfrutando de un buen café en San Antonio al ritmo de Superlitio, podía pasar a una breve caminata hacia El Peñón con los sonidos electrónicos y aires de tango de Bajofondo, cruzarme con alguna vendedora de mango biche o chontaduro, deleitarme con aquellos productos que anhelo ahora que me encuentro lejos, cambiar de nuevo de melodía y emprender otro viaje por los senderos del río Cali de la mano de Bob Marley mientras esperamos la caída de la noche.

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Magia

Esta noche haré magia contigo. Sobre tu espalda pondré todas mis cartas y jugaré póker hasta que tus ojos me dejen solo. Tú sabes que poco me gustan los juegos de mesa, pero si quieres, jugaremos en serio, con apuesta y todo. Tu prefieres la ruleta rusa, así que cambiaremos el revólver por nuestras bocas, si pierdes te disparo un beso. Tranquila, con ésta no te mato, aunque quieras perder siempre.

Quiero ser el croupier de tu cuerpo, ese que reparte las fichas del blackjack que jugamos ahora que nuestros destinos se cruzaron. Tu espalda será la mesa en que descansen mis intenciones de matarte a 21 besos; todavía guardo el as que la vida me dio el día que te conocí…

 

REMEMBRANZAS, INTENTO DE AUTOBIOGRAFÍA No. 3480

Por Alejandro Bohórquez Reyes

(Escrita en la ciudad de Bogotá entre el mes de octubre y noviembre del año 2013. Próximamente encuéntrela en su semáforo de confianza)

Nací Alejandro Bohórquez Reyes una madrugada de 8 de diciembre, 12 AM para ser más exacto. Llegué a éste mundo en alguna de las salas de parto de la Clínica del Seguro Social en la ciudad de Cali – Colombia; vine al mundo en 1987, mismo año en que Warhol veía las luces al final del túnel de su vida. Lo admiro mucho por su trabajo como artista plástico y por la brillantez de una frase como esa en la que declaraba que todos tenemos derecho a nuestros 15 minutos de fama. Nacen unos, mueren otros. A Warhol se le agotaban sus 15 minutos cuando los míos apenas comenzaban. Así es la vida.

Gocé de la fama que me dio nacer en una familia que veía en mí a su primogénito; fui un niño sano hasta los 6 meses, tiempo en el cual se hizo manifiesto el tormento más grande contra el que tuve que luchar hasta inicio de mi juventud: el asma. No fueron años muy gratos, aunque no me puedo quejar, pues tuve una infancia placentera a pesar de algunos obstáculos que tuve que superar.

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