Tinta, cafeína y rock n’ roll

Así fue como consumimos las botellas, mientras hablábamos de lo que sería nuestro encuentro la próxima vez que al destino le diera la jodida gana de volver a juntarnos. Te escuchaba y escribía casi al tiempo en que pasaba los tragos de aquella botella de Jägermeister que compramos en ese viaje que hicimos por Europa; digitaba y recordaba el memorable instante en que nuestras bocas se rozaron por primera vez y no apartaba de mi cabeza ese Love me two times, baby, love me twice today¹ de Morrison, mientras pensaba que mis días en aquel entonces tenían el sabor de la dulce melaza de tus labios, el herbáceo sabor de cada copa de esta botella y los recuerdos de todos los momentos juntos allí bajo las palmas que fueron cómplices de esa magia que entre los dos fluyó.

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Magia

Esta noche haré magia contigo. Sobre tu espalda pondré todas mis cartas y jugaré póker hasta que tus ojos me dejen solo. Tú sabes que poco me gustan los juegos de mesa, pero si quieres, jugaremos en serio, con apuesta y todo. Tu prefieres la ruleta rusa, así que cambiaremos el revólver por nuestras bocas, si pierdes te disparo un beso. Tranquila, con ésta no te mato, aunque quieras perder siempre.

Quiero ser el croupier de tu cuerpo, ese que reparte las fichas del blackjack que jugamos ahora que nuestros destinos se cruzaron. Tu espalda será la mesa en que descansen mis intenciones de matarte a 21 besos; todavía guardo el as que la vida me dio el día que te conocí…