Sobre cómo rehabilitar un borrachín

Recientemente y de regreso a lugares en los que el destino me situó en años pasados, me puse a pensar en aquellas locuras que uno hace en su juventud y se me vino a la mente una que aún hoy en día, me provoca risa y me hace sentir algo culpable. No me juzguen, ¿o acaso ustedes no se burlaron de otra persona en algún momento de sus vidas?

Seguramente la mayoría podrá entender que hay situaciones en las que se hace exageradamente irresistible jugarle una broma a los demás y fue esto lo que sucedió hace algunos años que estaba de vacaciones en la ciudad de Bucaramanga; aquella noche me encontraba con otras tres personas a quienes a partir de este momento llamaré Periquito, Juanete y el Buñuelo para efectos de no comprometerlos.

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Sobre cómo sobrevivir al Festival Estéreo Picnic completamente solo y sin compañía

A propósito por estos días que muchos disfrutan de una versión más del Festival Estéreo Picnic, quise relatarles lo que fue una travesía que emprendí para poder estar presente en la edición del año 2013.

La siguiente es la forma por la que, sin esperarlo y de un momento a otro, terminé en una ciudad diferente a la de residencia y en un evento al cual ya me había resignado a no asistir; por aquel entonces estaba radicado en Bucaramanga, trabajaba tranquilamente una tarde de viernes, a menos de 24 horas del inicio del festival leí en Twitter el llamado de “auxilio” de una conocida que solicitaba compañía para no tener que ir sola hasta el lugar destinado para el mencionado acontecimiento.

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Por eso he de (algún día) regresar a mi ciudad…

Nota: Este artículo fue publicado originalmente el 8 de mayo de 2013 entre las notas de mi perfil de Facebook, como parte de algunas cosas que decidí escribir durante las aburridas noches que pasé en la ciudad donde residía en ese entonces.


No fue sino hasta que partí que empecé a valorar las largas caminatas que acostumbraba a dar eventualmente por mi ciudad, Cali.

Extraño esa travesía que por propio gusto realizaba desde Santa Librada, pasando por las cascadas de la Loma de la Cruz, subiendo por las empinadas calles de San Antonio, justo por el camino que me llevaba directo a la Galería de Arte y Café de Mauro Phazan, uno de mis lugares favoritos y que sin duda recomiendo a quien ahora me lee.

El trayecto obligado de algunos de mis viernes nunca pudo ser estático; me encanta caminar al ritmo de la música que marque el ‘shuffle’ de mi teléfono y por eso de estar disfrutando de un buen café en San Antonio al ritmo de Superlitio, podía pasar a una breve caminata hacia El Peñón con los sonidos electrónicos y aires de tango de Bajofondo, cruzarme con alguna vendedora de mango biche o chontaduro, deleitarme con aquellos productos que anhelo ahora que me encuentro lejos, cambiar de nuevo de melodía y emprender otro viaje por los senderos del río Cali de la mano de Bob Marley mientras esperamos la caída de la noche.

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