Tinta, cafeína y rock n’ roll

Así fue como consumimos las botellas, mientras hablábamos de lo que sería nuestro encuentro la próxima vez que al destino le diera la jodida gana de volver a juntarnos. Te escuchaba y escribía casi al tiempo en que pasaba los tragos de aquella botella de Jägermeister que compramos en ese viaje que hicimos por Europa; digitaba y recordaba el memorable instante en que nuestras bocas se rozaron por primera vez y no apartaba de mi cabeza ese Love me two times, baby, love me twice today¹ de Morrison, mientras pensaba que mis días en aquel entonces tenían el sabor de la dulce melaza de tus labios, el herbáceo sabor de cada copa de esta botella y los recuerdos de todos los momentos juntos allí bajo las palmas que fueron cómplices de esa magia que entre los dos fluyó.

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