Tinta, cafeína y rock n’ roll

…y nos consumimos el alcohol de la alacena hablando de lo que sería nuestro encuentro la próxima vez que al destino le diera la jodida gana de volver a juntarnos. Te escuchaba y escribía casi al tiempo en que pasaba los tragos de esa botella de Jägermeister que lentamente diluía la percepción de la realidad de nuestros días; digitaba y recordaba el memorable instante en que nuestras bocas se rozaron por primera vez y no apartaba de mi cabeza ese Love me two times, baby, love me twice today¹ de Morrison, mientras pensaba que mis días en aquel entonces tenían el sabor de la dulce melaza de tus labios, el herbáceo sabor de cada copa de esta botella y los recuerdos de todos los momentos juntos allí bajo tantos cielos que fueron cómplices de la magia que entre los dos una vez fluyó.

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