Mochileando en El Cabo de la Vela

Viajar es uno de esos placeres que inyectan más energía, relajan y renuevan las ganas de enfrentarse a la vida con otros ánimos, por eso resulta tan gratificante cambiar de latitudes y escaparse eventualmente de la monotonía en la cotidianidad. No sé si les ocurra lo mismo, pero en mi caso viajar me ha servido en ocasiones para expandir el entendimiento, conocer lugares, relacionarme con diferentes tipos de personas en variedad de entornos, aprender de otras culturas y costumbres, olvidarme de todo aquello que me preocupa e incluso hasta a dar el primer paso para dejar atrás momentos amargos por los que eventualmente tenemos que pasar los seres humanos.

Entre tantos recuerdos que se me vienen a la memoria de algunos de los viajes que he tenido la fortuna de emprender, tengo presente en particular una experiencia que logró revitalizar mi mente y que a continuación me dispondré a detallar.

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Sobre cómo sobrevivir al Festival Estéreo Picnic completamente solo y sin compañía

A propósito por estos días que muchos disfrutan de una versión más del Festival Estéreo Picnic, quise relatarles lo que fue una travesía que emprendí para poder estar presente en la edición del año 2013.

La siguiente es la forma por la que, sin esperarlo y de un momento a otro, terminé en una ciudad diferente a la de residencia y en un evento al cual ya me había resignado a no asistir; por aquel entonces estaba radicado en Bucaramanga, trabajaba tranquilamente una tarde de viernes, a menos de 24 horas del inicio del festival leí en Twitter el llamado de “auxilio” de una conocida que solicitaba compañía para no tener que ir sola hasta el lugar destinado para el mencionado acontecimiento.

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